viernes, 14 de septiembre de 2012

Un día lluvioso.


-Entramos en la habitación me senté en la orilla de la cama, quería que todo pasara rápido. Fue mi única oportunidad de pasar el semestre, mi papa no se puede enterar. Te contare. El se quito su corbata después su saco, siguió con su saco, el chaleco y la camisa. El profe viste de una forma tan aburrida, aburrida como su clase, fue por eso que no asistí ni a la mitad de sus clases. Bueno, sigo con la historia. Se sentó a mi lado, me dijo “me tienes loco” y me beso la mejilla. Coloco su mano sobre mi pierna, su mano se sentí a húmeda y temblorosa.
-¿En serio?
-¿puedes imaginarte su cara de deseo? Debo decirte que eso me excito cuando note su nervosismo, un hombre maduro con estudios de maestría, severo con sus alumnos, y ahora se mostraba como un puberto inquieto ante mí. Le mire cínicamente, el perdió el control y me beso frenéticamente, su lengua invadió mi interior y sus dientes sobre mis labios casi doloroso. Luego mantuvo su compostura, de hecho tenía tiempo de sobra para hacer lo que quisiera.
-Sigue
-Subió mi falda y bajo mi pantaleta. Hundió su nariz en mi calzoncito, cerró los ojos y aspiro su aroma. Ahora su rostro padecía de locura. Estaba acostada en la cama con las rodillas flexionadas. Pronto metió su cabeza entre mis piernas, lamio desesperadamente. Parecía un perrito hambriento. Supongo que con su esposa no se atreve a hacer ese tipo de cosas, ya sabes, dicen que las mujeres maduras tienen un olor especialmente fuerte, pero no en las jovencitas. Aparte de ser un eminente maestro de Matemáticas también es un maestro en hacer un trabajo oral. Estaba bien caliente y mojada, espere una buena cogida.
-Estas loca-
-¿Loca? Me tenia cachonda. Subia y bajaba con lengua por toda mi rajita, succionaba mi clitoris y de vez en cuando introducia su lengua a mi vagina. Tendrias que probarlo por ti misma, el profe es un …. Mamador.
-Te creo, dime más…
-Se acosto en la cama, acomodo su cabeza en una almohada para tener altura y seguir con nuestra tarea.  Estaba prendidisima, me puse en cuclillas, restregué mi bizcochito en su cara. Mis tetas estaban mal atendidas, así que, las frote yo misma y pellizque mis pezones. Casi sentía mi orgasmo. Pero me contuve quería sentir su verga dentro de mí.
-Y, ¿Cómo la tiene?
-Sabía que me preguntarías eso. Es el pito más grande que eh visto, no sé cuánto mide pero me costó trabajo meterla en mi boca para chupársela. Es larga y gruesa.

-¿Te cogió fuerte?
-Todavía no. Ahora viene lo más emocionante.
- ¿Qué paso?
-De nuevo me senté en cuclillas con mi rajita en su cara. ¿Sabes que me pidió? Que le regalara mi pipi. Veía el deseo en su rostro. Me lo pidió de favor, me dijo que quería deleitarse con todos mis fluidos. Me costó un poco de trabajo, me relaje y deje salir un chorrito.
-¿Qué hizo?
-Paso su lengua por toda mi rajita y saboreo mi orina. Luego deje salir una gran cantidad de mi pipi, abrió completamente su boca y la trago toda, cada gota. Su cara era de auténtica satisfacción, bebía mi orina y pedía mas. Me excito muchísimo, Quería probar su verga, estaba un poco flácida y la chupe con esmero, hicimos un 69, ambos nos disfrutábamos. Su dedo hurgo entre mis nalgas, entonces también hice lo mismo y parecía no desagradarle, despacito, y con un poco de saliva logre meter mi dedo dentro de su culo, al mismo tiempo lamia su enorme verga.  Mi dedo de movía suavemente hasta el fondo, movía su cadera de un lado a otro, “oh, eres una nena maravillosa” Lo desleche todito, su cuerpo se sacudió, su pito dio fuertes espasmos y me empapo de semen.
¿-Sabes? El profe también me saco diez en mate.

martes, 3 de abril de 2012

Salida a un cine... ¿Qué? porno...


Era una tarde en el mes de enero, el clima era frio. Sin embargo sentía calorcito.  Quedamos para vernos en la Biblioteca México. El trabajo de Informática aun no estaba listo y le faltaba algunos ajustes. Revisamos algunos detalles sobre nuestro proyecto. Desde hace tiempo sentía una atracción hacia a él. Era inexplicable porque no teníamos nada en común, pero su plática era muy agradable, además de ser un chico inteligente y divertido.
Seguíamos trabajando. Voltee a mirarlo, quería preguntarle algo, entonces vi su rostro de perfil me pareció sexy la forma en cómo peinaba su cabello. Sentí un bochorno. Fue un instante, pronto volví a lo que estábamos cuando me interrumpió, es que nunca paraba de hablar, a cada momento le saltaba una idea.
Terminamos pronto, así que merecíamos una buena comida. Caminamos sobre Balderas, de repente vi un Sex Shop, se lo comente y el agrego que también había un cine porno. ¿Cómo será un cine porno? Mi mente divago. El me platico de qué se trataba. A este chico no se le escapaba nada, seria que sabía todo, o más bien que era un cachondo en potencia. Le regale una sonrisa picara, el me dijo “Vamos a entrar” Me quede de una pieza.  “Por mí no hay problema” le conteste, “pero siento que te faltan… ganas” Nos reímos estúpidamente hasta que quedamos en silencio viéndonos frente a frente. Me sobre emocionó la idea, no le dije nada, y camine a la entrada.
Entramos, le pedí que comprara una botella de agua, mi boca la sentía seca, me sentía muy nerviosa. El fingía ser dueño de la situación, lo cierto era que estaba igual de nervioso que yo. El  encargado, nos explico que el cine se dividía en dos áreas; la parte de abajo es donde se colocaban a personas, casi todos hombres, que iban solos, y la parte de arriba es donde podían estar parejas, Eso eliminaba un poco el corte, ya saben eso de imaginar una violación tumultuaria en pleno centro de la ciudad, sería un desastre. Oh, cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que dicha división consistía en una cuerdita, más o menos como en los antros, y los que se encargaban del orden eras dos hombres gorditos chistosos. Había dos pasillos entre las butacas, ambos accesos estaban controlados por el personal del cine. El chico encargado nos condujo hacia la parte de arriba, alumbrando el camino con una linternita. No veía nada, todo estaba obscuro, no veía ni los escalones, tropecé y casi caigo, pero salte hábilmente la mendiga cuerdita divisoria.
Nos sentamos en el centro en la parte más alta, trate de poner atención en la película. Cuando entramos no pude calcular cuantas personas había o donde estaban. Poco a poco se fue esclareciendo más el panorama. Había una pareja sentada una fila delante de nosotros, me acerque para ver mejor, era un señor como de 60 años, era algo robusto y lucia muy despreocupado mientras  dos hombres, esperaban a ser invitados por esta pareja y uno a uno pasaron frente a ellos, ella se dejaba tocar las tetas y los masturbaba, la cosa parecía ser rápida duraban escasos minutos y se iban.
Ver este espectáculo me puso cachonda. En la película una mujer negra masajeaba con sus tetas la verga de un hombre blanco. Tome la mano de mi amigo y la coloque sobre mis piernas, él entendió la invitación, metió su mano bajo mi vestido, acaricio mis piernas y la otra mano la paso encima de mis hombros. No quitábamos la mirada en la pareja de enfrente.
Mi amigo me presento a su amiguito de abajo. Saco su pene era blanco como la verga del aquel hombre de la película. Al parecer los nervios desaparecieron. Ver su verga me éxito demasiado y me dieron ganas de chupársela, luego me puse en cuclillas frente a él para quedar cómoda. Se la chupe con ganas, él masajeaba mis tetas. Toco mi mejilla, noto que estaba calientita. Y luego en un acto de acrobacia estiro su mano hasta mi rajita, con sus dedos masajeo mi vulva suavecito como a m me gusta, estrujaba el prepucio de mi clítoris para no tocarlo directamente. Parecía ser que mi amigo era bueno en eso. También sentí como me acariciaba mis nalgas. Esperen, tendría que ser una especie de orangután para ocuparse de las dos cosas. Voltee hacia atrás, vi la mano estirada del hombre de 60 años trataba de disimular mantenía su mirada en la pantalla, me  acariciaba mis nalgas, haciéndose el desentendido mientras que su mujer se la chupaba a un hombre que no me quitaba la vista de encima. Mi amigo se sintió celoso y empujo la tercera mano que manoseaba mi cuerpo, el hombre retiro su mano  sin dar muestra de nada. Todo este manoseo me prendió demasiado, estaba súper húmeda, necesitaba verga, murmure un  “Cógeme ya” Me puse de pie, alcé mi vestido y baje mi calzoncito. Sentí la primera embestida, su verga llego hasta el fondo de un solo golpe, siguió con movimientos suaves fue acelerando su ritmo.
Otra pareja entro y se colocaron lejos de nosotros, escuche voces de varias personas “hay mas gente” dije y el contesto “si ya lo había notado, observa a esas chicas, son prostis”.  Otra ves me dieron de chupar su verga, me acomode lami su verga lentamente, no queria perder detalles de mi entorno. Nuevamente el señor de enfrente, que ni tarde ni perezoso volvió a meter mano. Mi amigo me sugirió que nos moviéramos de lugar.
Ahora veíamos con más claridad, una pareja de maduros, él como de 45 años que no estaba de mal ver, era atlético, alto, con pelo cano,  y, ella como de 40 era más robusta y tenía grandes tetas. Parecían tener más experiencia en ese lugar, pues se veían muy desinhibidos. Ella le chupaba su verga con gran esmero, se oían los chasquidos de su lengua y sus chupadas culminaban en un “plop” cada vez que la sacaba de su boca. Ver esa escena en vivo, con una señora que no fingía en sentir placer al dar una mamada, me excito otra vez. Vieron que nos acercaron y parecía que querían dar un mejor show. Entonces él la acomodo de perrito y la empezó a coger fuerte, ella gemía de placer. Perdí la compostura, me quite mi ropa, solo me quede con mi bufanda al cuello. Era presa de mi deseo, también deseaba que me vieran coger, que disfrutaran viendo mi hermoso  cuerpo. Quería ser yo esa imagen que provoca deseo. Mientras mi chico se quitaba los pantalones me acomode en el brazo de la butaca, seguía viendo como cogían aquellos maduritos, le pedí que me diera un besito en mi rajita, el lo hizo más emocionante y no fue directo al punto. Primero beso mi cuello, mis hombros, lo hacía ansiosamente, lo sentía cachondo, estrujo mis tetas, me recorrió el cuerpo con sus lamidas y mordiscos, finalmente llego al lugar que tanto deseaba, y me dio un oral que supo a gloria. Yo jadeaba, gemía y observaba con descaro lo que hacían la pareja de enfrente. Mi amigo no aguanto más y me empujo su verga en lo más profundo de mi vagina, seguía jadeando aun mas fuerte mis jugos escurrían en mis piernas. Me gustaba mejor de perrito, me acomode y él me poseyó salvajemente, éramos como animales, mis gemidos ya no eran gemidos, estaba gritando, pidiendo que me cogiera duro y así lo hizo. Interrumpió sus embestidas, me coloco de frente a la pared y comenzó a cogerme desde atrás. Ahora veía claramente hacia la parte inferior del cine, había una multitud de cien hombres, no podía ver sus rostros, pero se arremolinaban queriendo subir donde estamos nosotros. Mi chico tomo mis muñecas con sus manos y separo mis brazos, mi cuerpo se veía totalmente expuesto y una descarga de placer recorrió mi columna, me sentía totalmente poseída. Paso un pareja junto a nosotros, un chico que no aguanto más y contrato los servicios de una puta, el se sentó y saco su verga y la chica de dio una chupada, termino rápidamente y se fueron.  Mi amigo  también veía el espectáculo, se puso más caliente, de nuevo me coloco contra la pared metió su mano bajo mi muslo, pase mi mano sobre su cuello y la otra por su hombro, tomo mi otra pierna y me levanto en vilo, se acomodo y me penetro, que rico sentía el roce de mi clítoris contra su pubis, le pedí que me cogiera, lo hizo salvajemente mientras murmuraba incoherencias y le pedía que me diera más duro, todo mi cuerpo se tenso, estaba a punto de estallar lo sentía venir, sus gemido de él me excitaron aun mas, oh una descarga de placer, terminamos en un rico orgasmo, súper intenso.
Nos recuperamos en unos minutos. Me limpie un poco y arregle mi vestido. Pedí a mi amigo que nos retiráramos inmediatamente. El encargo se percato de que nos marchábamos y fue en nuestro auxilio para alumbrar nuestro camino. Nos comento algunas cosas, casi todo eran incoherencias pues no quitaba la vista del escote de mi vestido. Su rostro parecía desfigurado por una especie de deseo lujurioso. Entendí que personas swingers acostumbran ir a ese lugar dando rienda al exhibicionismo y voyeur. No había que preocuparse por la seguridad pues varios chicos están a cargo de ello, aunque yo tengo mis dudas.
Era hora de mi salida triunfal, tal cual estrella de cine. Un gran número de chicos iba recorriendo alocadamente las butacas para acercarse hacia nosotros, me dio pánico, parecían perros en celo siguiendo a una perrita. Casi al final del pasillo un loco fanático  trato de meter mano, se llevo un buen golpe por parte de mi amigo. Acelere mi paso quería salir pronto de ahí. Algunos señores se adelantaron, un hombre alto y viejo me veía parecía un zombi, parecía que en cualquier momento se iba abalanzar sobre mí, no lo hizo.
Salimos aprisa de ese lugar, necesitaba tomar algo fuerte. Llegamos a un bar pedimos dos tequilas.
Fue una experiencia extraordinaria, fui la protagonista de una escena donde decenas de personas me deseaban. Me transforme no era yo es algo que no me hubiera imaginado hacer, fue formidable.

viernes, 16 de marzo de 2012

"Kary, enseñame tu tarea."



“Durante unas semanas, sin embargo, noté que en la escuela el profesor de religión me miraba de un modo raro. Le tenía miedo, y pensé que tramaba algo contra mí.
Un día empezó a pasearse entre los bancos arriba y abajo, y al pasar por mi lado me puso de pronto la mano en la cabeza, de un modo tan dulce y amistoso que sentí un escalofrío bajo ese contacto. Luego me acarició la espalda, al tiempo que seguía hablando a la clase. Me sentí maravillosamente, y cuando prosiguió su paseo le miré con cariño.
En la siguiente hora nos puso un examen. Tuvimos que escribir las preguntas que nos dictó, y una de nosotras se subido al estrado para contestarlas. También tuvimos que anotar las respuestas. Llamó a dos compañeras, y luego a mí. Por orden suya me coloqué delante de él, apoyando la  sentó, y yo quedé de pie entre sus piernas.
-¿Has estudiado mucho?- preguntó cogiéndome de la mano, de manera que quedara sobre su bragueta.
No sospeché que lo hacía intencionadamente.
Pero él empezó a moverme la mano y a restregarla contra su bragueta de un modo que pareciera casual. Noté entonces que algo duro temblaba en su interior.
Me  miró.  Me presiono la mano fuertemente contra su bragueta, y pude sentirle la polla bajo el tejido.
Me soltó la mano pero yo no la retiré.
Volvió entonces a mirarme, y supe qué quería. Me sentía muy excitada de orgullo y calentura, y se la agarré, es decir, cerré los dedos suavemente alrededor de su rabo.
Empezó luego un largo dictado, que, según pude comprobar, pretendía simplemente mantener ocupado a mis compañeras. Seguimos mirándonos a los ojos, y de repente se desabrochó los pantalones y se sacó la polla.
Era muy curva, tan curva como su nariz, pero terriblemente gruesa y ardiente.
Seguimos mirándonos, y yo empecé a frotársela suavemente, siguiendo sus movimientos para que nadie lo notase. Se puso pálido, y con mucho cuidado, me la metió bajo el vestido con tanta habilidad que nadie notó que se moviera.
Separé un poco las piernas y levante el pubis para facilitarle la entrada.
Encontró enseguida el lugar de marras y empezó a cosquillearme con tanta delicadeza que un escalofrío me recorrió la espalda.
Seguíamos mirándonos cara a cara, y él continuaba con su piadoso dictado.
Finalmente me envió de nuevo a mi sitio y llamó a la Ferdinger.
Ella se acercó al profesor, y yo, desde mi asiento, me dispuse a no perder detalle. Ella se colocó solita entre sus piernas, y, como era bastante torpe, noté enseguida que ella se manoseaba el rábano y él la almeja. La Ferdinger parecía acalorada.
Poco después volvió a llamarme.
-Tráete el cuaderno.
Una vez a su lado, me dijo:
-Puedes escribir aquí.
Le di la espalda, me incliné de pie sobre su mesa y supe qué iba a suceder.
Y acerté. Cuando me tuvo ante él, dándole la espalda, me levantó lentamente el vestido. Quise ayudarle, y le ofrecí el culo. Empujándome suavemente, buscó el agujero con la polla tiesa. También ahora quise ayudarle, y, tan disimuladamente como pude, empecé a menearme. Cuando consiguió meterme la punta de la verga, me empujó hacia abajo con las manos, dándome a entender que me sentara encima de él.
Comprendí la situación, es decir, que no podía empujar sin traicionarse.
De modo que me senté lentamente encima de su polla, que me penetró tan adentro cómo fue posible. Luego volví a levantarme y a sentarme, realizando en lugar suyo la tarea de empujar.
Él se inclinó encima de la mesa, como si quisiera ver lo que yo escribía, y apoyó la mano en la superficie de la mesa.
También entendí aquello, e, inclinándome aún más, coloqué una teta en la mano, que él podía notar a través de la fina blusa. La estrujó suavemente y acarició disimuladamente el pezón, que se endureció enseguida.
La presencia de tantas niñas y la idea de que era el profesor de religión el que me estaba follando, el profesor temido durante tanto tiempo, hicieron sentirme aún más excitada. Además, no podía moverme ni abrir la boca, sino todo se habría perdido.
De modo que seguí meneando la polla que tenía en el coño del mejor modo que supe. Cuando empecé a sentir que me corría, sin embargo, no pude resistir aquella lentitud, y me moví un poco más rápido. Me dolía, porque tenía la polla muy gruesa, y me había meneado con tanto cuidado que tenía dentro casi la mitad.
Pero él puso fin a mis rápidos movimientos obligándome, con la mano que tenía libre, a sentarme. Me la metí tan dentro como fue posible, contrayendo el coño fuertemente.
Aquello debió excitarle sobremanera, ya que de repente brotó su cálida leche, y yo me corrí por segunda vez. Mientras se corría, siguió dictando tranquilamente. Naturalmente yo no había entendido ni escrito una sola palabra.
Cuando terminó de correrse, la polla se le salió por sí sola. Entonces noté que me arreglaba el vestido y le oí decir:
-Puedes volver a tu sitio.
La clase terminó poco después…”
Josefine Mutzenbacher

miércoles, 7 de marzo de 2012

Fantasía en el cole...



Cuando cursaba el tercer grado de secundaria, estaba enamorada de Octavio, el chico más popular de la escuela. Soñaba con el día en que él se me declarara, y fuéramos novios, pero los días pasaban y para él, yo no existía. Tenía entonces 13 años, para mi edad estaba un poco desarrolla en comparación de mis compañeras de clase. Mi cadera se había ensanchado y mis pechos como dos botones comenzaban a florecer, mis tetas eran grandes, pero yo siendo tímida trataba de ocultarlos y todos los días le pedía a mi hermana que me vendara el pecho. Pasaba desapercibida en la escuela, con mi cabello largo, suéter holgado, falda abajo de la rodilla, mis amigas decían que era una "ñoña," me hacían sentir tan mal, y para colmo Octavio solo me veía como a la chica a quien le copiaba la tarea.
El chisme de que Octavio me gustaba se había esparcido por toda la escuela, mi chico soñado se avergonzaba de ello, él siendo tan guapo y yo una chica menudita sin gracia.
Un lunes en la mañana teníamos clase de Historia, la maestra tenía incapacidad de una semana, así que, la mayoría de la clase llego tarde ese día. Como buena estudiante que era llegue temprano para estudiar en la biblioteca, entre al salón para dejar mi mochila en mi butaca. No había nadie o, al menos eso pensé...
Era él, sentado en su lugar, no podía creerlo, en parte porque era como un sueño para mí, y otro por que él siempre llegaba tarde. El se sentaba a dos lugares atrás de mí, y en un año apenas si cruzamos algunas palabras. Me apresure a dejar mis cosas y salir deprisa, cuando escuche, "Hola", no podía creerlo, ¡se dirigió hacia mí!, sentí un frio que recorrió mi cuerpo, trate de controlarme y solo atine a responder con una sonrisa tímida, quería seguir con mi camino, pero me detuvo se paro frente a mí.
- "¿A dónde vas?", preguntó.
- A la biblioteca.
- Tu siempre tan estudiosa.  Traes la tarea de Matemáticas.
- Si
- ¿Me la pasas?, Tal vez repruebe este año.
Estaba sentada cuando saque mi cuaderno de Matemáticas, eran unos ejercicios de algebra muy fáciles, me sentía tan feliz de poder ayudarlo. Fue acercándose, se sentó junto a mí, extendió su brazo sobre mis hombros, me estaba abrazando y  yo como en las nubes. Después, sentí su boca cerca de la mía, fue inesperado, vi su rostro su piel tan lisa, sentí su aliento cálido, sus labios tocaron los míos, no podía creerlo. Yo nunca había besado, me sentía maravillosamente. Entonces abrió su boca y con su lengua abrió la mía lentamente, su lengua se movía de un lado a otro, yo imite el movimiento, me acople enseguida, nuestros movimientos se intensificaron. Nuestros labios se besaban apasionadamente. Nunca había sentido una sensación tan placentera no quería que terminara.
Ahora pienso que él, aunque a su corta edad, ha sido el que mejor me ha besado.
No sabía que sucedería después. Me miró con sus dulces ojos color miel. Nos pusimos de pie y lo abrasé tiernamente, recargue mi cabeza contra su pecho, acaricie sus brazos atléticos. Me tomo por la cintura, acerco su pelvis. Sentí un bulto bajo su pantalón, me abrazaba fuerte. Mis mejillas enrojecieron. Alguna palabra quiso salir de mi boca, pero él me interrumpió.
-Calla, o nos escucharan.
Seguíamos besándonos, y luego no pude resistir mas, entonces mis manos bajaron a su entrepierna comencé a palpar su bulto, parecía agradarle mucho. Para estar más cómodos fuimos al escritorio, él se sentó en la orilla, abrí sus piernas y yo me coloque en medio entre ellas, estábamos muy juntos podía sentir el bulto bajo su pantalón. Mis mejillas se enrojecieron, ardían.
-¿Quieres verlo?.-
Asentí con la cabeza.
Había leído libros de Ciencias Naturales, donde explicaban las partes del aparato reproductor masculino. No imaginaba como sería un pene de verdad. El de él era moreno, grande; su glande era liso rojizo y en el prepucio se asomaba una gotita transparente.  Su pene era bastante grande para su edad, como pude comparar después. Lo tome con mi mano, sobresalía en ella, era tan tibio
Sus manos se deslizaron bajo mi suéter, después bajo mi blusa. Él sonrió. Había olvidado que esa mañana también había pedido a mi hermana que me vendara. Me sentía ridícula, tal vez pensaría que era una tonta, quise demostrarle lo contrario y safé los broches que me ataban, el me ayudo a quitarme esos trapos. Se quedo sorprendido mis pechos estaban muy bien desarrollados, los acaricio y presionó un poco, mis pezones se levantaron. Sentía mi parte inferior húmeda. Creí sentir una sensación de querer hacer pipi. No, no era eso, estaba muy excitada
-Eres muy bonita, como no me di cuenta antes.- dijo
Me sentía feliz, por fin el chico de mis sueños se daba cuenta de mi existencia. No quería perder esa oportunidad.  Sabía que era malo lo que estábamos haciendo, no podía controlarme. Eran las 8:15, la siguiente clase comenzaba a las 9, nadie nos descubriría a menos que llegara alguna de mis amigas, o que pasara el prefecto, si nos pillaban tal vez sería suspendida de la escuela o lo peor me expulsarían.
Mi mirada bajó, hacia su pene, lo vi más grande aún. Otra vez me beso, me encantaban esos besos, me preguntaba cómo habría aprendido a besar así. ¿Sería esta mi primera vez?. La idea me atemorizo, era mejor no continuar, pero no quería decepcionarlo.
Cambiamos de lugares ahora el estaba de pie  y yo recostada en el escritorio. Mis senos seguían afuera y el los beso,  chupo mis pezones, los lamia con fervor, sentía infinito placer. No quería que parara, dejo de hacerlo, se incorporo porque vimos una sombra, pensé que todo estaba perdido. Rápidamente se subió la bragueta y se asomo a la puerta, no corrimos peligro, era una alumna que salió del sanitario, no había posibilidad de que nos viera.
Con ese susto me replantee las cosas, y pensé que era mejor no seguir.
-          Me gustas de verdad.
Eso resolvía mi duda, estaba dispuesta a todo.
 Parecía que el era un chico experimentado, inclino su cabeza hacia mi pubis, ligeramente abultado, tenía una ligera capa de vello. Sentí su aliento tibio al parecer me olio, sentí algo suave eran sus labios. Yo no quería mirar, cerré mis ojos. Oh, sentí su lengua subir y bajar lamiendo suavemente mi clítoris, su respiración se agitó. Que sensación tan placentera, sentía explotar, mis piernas no parecían pertenecerme, querían más. Con una mano se sujetaba del escritorio y con la otra me masajeaba mis tetas, era muy hábil.
-¿te ha gustado?- preguntó, -asentí con la cabeza
- te mostrare algo que te llevara a la gloria
Se puso de pie entonces yo enardecida, imaginaba lo que seguiría. Su pene parecía explotar, lo coloco en mi clítoris y comenzó a restregarlo, primero despacio en círculos, luego verticalmente y en forma vigorosa. Comencé a jadear; Estaba loca de deseo. Bajó sus manos a mis caderas, su pene estaba en la entrada de mi vagina; Dio un empujón suave. Ah. Sentí un ardor, jale mi cadera hacia abajo.
-          Vamos, mi amor-
El tiempo casi se agotaba faltarían unos pocos minutos para que empezaran a llegar nuestros compañeros. Tal vez fue el temor de que alguien nos descubriese, lo que hizo que recuperara mi nivel de excitación.
Me acerque a la orilla y le di facilidad para penetrarme, abrí un poco más mis piernas recargando mis pies en el escritorio y levantando un poco mi cadera, nuevamente pasó su lengua por mi clítoris, esta vez se aseguro de ensalivar bien, mi vulva estaba empapada, me sentía afiebrada, tenía las mejillas rojas y respiraba agitadamente, mi excitación estaba al máximo, jadeaba quedamente, -no podía evitarlo-, volvió a colocar la cabeza de su pene en mi vagina toda húmeda, esta vez empujó suavemente pero con firmeza, casi no me dolió. Me beso apasionadamente mientras sujetaba con una mano mi cadera y con la otra me abrazaba tiernamente, me hizo sentir segura. Empujo su pene con fuerza y sentí un dolor agudo, y no excitación, era inexplicable, sentía como si me quemara. Una lágrima corrió por mi mejilla, se evapora instantáneamente. Se quedo inmóvil por unos segundos, y se empezó a mover suavemente, fue acelerando su ritmo. Su respiración se agito notablemente, escuche provenir de él un gemido, gruñía un poco, estaba como fuera de sí, su frente estaba perlada de sudor. Yo gemía entrecortadamente, me mordía los labios para reprimir esos gemidos y que no nos fueran a escuchar, mi frente estaba sudada, mi vagina estaba completamente húmeda con una mezcla de mis jugos vaginales y un poco de sangre, dio unos ligeros espasmos, jaló mi cadera hacia el con fuerza y empujó con todo vigor, lo hizo con fiereza, -estaba eyaculando dentro de mi-, me sentía sofocada, un poco mareada como si me recorrieran pequeñas descargas eléctricas por distintas partes de mi cuerpo, no podía percibir lo que acontecía a mi alrededor, estaba como perdida, mi orgasmo fue brutal, prácticamente coincidió con el de él, mi cuerpo tenía pequeñas convulsiones, era consiente de la presencia dentro de mí cuerpo de su pene, aún duro y las pequeñas convulsiones me hicieron experimentar varios orgasmos de pequeña intensidad, el seguía sujetándome de la cadera, apoyando su cabeza en mi cuello, ambos estábamos empapados de sudor, mis piernas aun rodeaban su cadera, no quería dejarlo salir, todavía recorría mi espalda ese pequeño escalofrío espasmoso que deja un buen orgasmo.
Con su pene aun dentro de mi haciéndose cada vez más blando, sujeto con una mano mi barbilla y me miró a los ojos, no hacían falta palabras, su mirada me decía todo, era una mezcla de ternura y posesión, había sido suya, me besó tiernamente en los labios, se incorporó se subió los pantalones, cerró su bragueta y me ayudó a ponerme mis braguitas, arregle mi falda; no sabía que decir, el no dijo nada, esperaba que me preguntara si me había gustado, no lo hizo, -sabía que si-.
Limpiamos el escritorio para borra las “huellas del delito”, caminamos hacia fuera, mi cadera me dolía y mis piernas me temblaban, nos dirigimos al baño, cada quien por su lado. Era dichosa, había perdido mi virginidad al lado del chico de mis sueños y había sido una experiencia inolvidablemente placentera, poco a poco recobré la compostura y continúe con mis clases, al menos en forma presencial porque mi mente y mi corazón seguían al lado del chico de mis sueños.
 Ese día conocí el placer, la lujuria y el clímax, en una experiencia que por fortuna fue grata y que aun recuerdo.